Hace un par de meses circuló en la red la fotografía de una bolsa Chanel hecha de papel. Es decir, alguien dibujó el logo en dicha bolsa. También, a otro ingenioso se le ocurrió hacer bolsas de basura impresas con los mismos colores y logotipos de Louis Vuitton. Esos son algunos ejemplos de tomarse la moda a la ligera e incluso con algo de burla.

Justo a esas bolsas me recordaron las de Josh Blackwell. Aunque no emula ninguna marca consolidada, es el mismo proceso: intervenir una bolsa (de plástico) cualquiera. Como artista, la idea surge de su aberración por lo que clama ser el segundo objeto más contaminador del mundo (el primero sería la colilla de cigarro). Primero, quiso sellarlas, coserlas para restar toda su esencia; sin embargo, pudo notar que lograría lo mismo cosiendo no su abertura sino los costados para engalanar el trozo de plástico. El resultado, la verdad, es sorprendente. Nadie pensaría que esas bolsas maléficas podrían tener una belleza más allá de su efímera utilidad.


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