Jan Taminiau, holandés de nacimiento, gusta de contar historias con la ropa que crea. Son historias con olor a viejo, a nostalgia. A la colección de antigüedades que viene desde su familia, a papel tapiz y artesanías. Gusta de escribir románticas prendas, para que las señoritas se sientan en alguna vieja película en blanco y negro, o en alguna pintura asimétrica vanguardista. Yo gustosa me sumergiría en el cuento de la lluvia que cae en siempre en mi paragüas así como en la historia del vestido-cama que te abraza y sigue -por si el sueño te asalta de sorpresa-, o la bailarina que danzaba en plataformas. Adorable.








