Pilar Córdoba es una artista mexicana que reside en Nueva York y, enterarnos de que es vecina de Juan Betancurth nos parece una lástima, pues pudimos haber tenido el gusto de conocerla por allá.
Una de las cosas que ella disfruta más es hacer punto de cruz a la vieja usanza. Como las abuelas y su bordado, Pilar tiene muchas obras donde usa exclusivamente esa técnica. Algo similar a lo que presentamos con Joetta Maue. Sin embargo, la gran diferencia es que Pilar no crea las usuales formas de arreglos florales basada en la cruz. Siendo artista, Pilar juega con un imaginario más alternativo: manos fosforescentes, envases o penes son parte de sus bordados, además de robots, lobos o french puddles. A mi parecer, el trabajo de Pilar es justo del tipo que pareciera no tener mucha ciencia detrás, pero que guarda un placer muy particular en la sencillez de su técnica. No es necesario rebuscar y complicar las cosas al momento de crear, una buena idea y suficiente hilo siempre serán más que suficientes. Seguramente eso lo saben muy bien las abuelitas bordadoras… y Pilar Córdoba.






