Nadie sabe qué es Cheburashka. Llegó a Rusia en una caja de naranjas y acto seguido el verdulero lo llevó al zoológico donde los científicos le negaron el acceso por ser “desconocido a la ciencia animal”. Sin gran esfuerzo encontró trabajo y casa: una cabina de teléfonos en donde pasaba el tiempo solo y triste jugando con un trompo eléctrico. En la misma ciudad vivía Gena, un cocodrilo que trabajaba en el zoológico, así es, como cocodrilo.
Este par es sin duda el recuerdo más bello y dulce de la mayoría de los que pasaron su infancia en territorio soviético: kazakos, polacos, rusos, búlgaros, húngaros, kirguís, hasta cubanos, recuerdan esta caricatura con lágrimas en los ojos.
La razones son evidentes: el ¿niño- osezno? enternece a cualquiera, la historia es original, la animación una joya de los sesenta y los personajes divertidos hasta la carcajada.
Sólo para usted, lector de Colour Me In, el primer capítulo subtitulado en español:







