Una de las editoriales más bellas que jamás haya publicado Vogue es, a mi parecer, la que publicó la versión coreana en octubre de 2007. No aparecen modelos alienígenas de alturas arbóreas y siluetas finas. Tampoco salen ropas europeas de distinguidos nombres. Sólo algunos Hanboks en distintos colores que resultan suficientes para dar delicados dulces visuales a los ojos.
Kim Kyung Soo se encargó de fotografiar con toda la majestuosidad necesaria al vestido tradicional coreano. Aquí podemos ver cortes de cabello excesivamente geométricos y rígidos enmarcando la voluminosa ropa volátil y onírica. Más que vestidos, pareciera que las modelos usan nubes. O algodones de azúcar. Toda la serenidad de estas fotos se guardó en el nombre de Full Moon Story.
Mientras veo y veo estas imágenes, sólo pienso en todos los clichés fantásticos de Asia: los cerezos japoneses, los campos de ensueño, en los chocolates con picante, en Totoro y, principalmente, en que no se necesita ninguna ropa prohibitiva para que un atuendo sea fino y espléndido. Mejor ejemplo no hay.






One Comment
thanks! thanks! thanks!