Warning: Creating default object from empty value in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/plugins/members/includes/functions.php on line 21

Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/plugins/members/includes/functions.php:21) in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/plugins/wassup/wassup.php on line 1994
LA MUERTE DE BUNNY MUNRO POR NICK CAVE | Colour Me In

LA MUERTE DE BUNNY MUNRO POR NICK CAVE

por Eva Posas

“Bunny parece interesado en el sexo, pero no lo está. Está huyendo. Ese tipo de gente escapa épicamente del amor y la intimidad”.


9781847673763


El Bunny al que se refiere esa frase es Bunny Munro,  personaje de The Death of Bunny Munro, (La muerte de Bunny Munro) la segunda y última novela de Nick Cave. No nos queda alguna duda de que Cave es un hombre muy talentoso en todos las áreas que incursiona. Ya sea música, cine, o letras, Cave dibuja historias fantásticas y este libro no ha de ser la excepción. Aquí narra la caída de un hombre al abismo mientras basa su vida en soñar con personas como Kylie, Avril Lavigne o Kate Moss. Todo, con una lupa ácida y violenta, un humor escalofriante, agudo y mucho estilo a la Cave. El libro está lleno de sorpresas pues si obtienen la versión auditiva, tendrán también música exclusivamente compuesta por Cave y Warren Ellis para poder sumergirse en la historia.

Ya quiero leerlo, definitivamente. Mientras, en Colour Me In el Capítulo 16 (en español) cortesía de El País. También pueden leer más extractos (en inglés) en la página oficial y ver más fragmentos leídos por el mismísimo Cave como el que presentamos a continuación:

En un enorme televisor de plasma que ocupa una esquina de la sala en un adosado de Newhaven, Bunny cree ver, por el rabillo del ojo, nuevas imágenes del Asesino Cornudo embistiendo entre una estampida de compradores con su tridente característico. Pero no puede estar completamente seguro porque una cuña de luz crepuscular se ha desplazado sobre la pantalla desdibujando la imagen. Con todo, sí logra detectar en los píxeles desteñidos una sensación ya familiar de terror (reconoce los gritos horrorizados de la multitud) y se pregunta fugazmente a qué distancia de Brighton se halla ese capullo demente.
—Ofrecemos una línea altamente satisfactoria de elevado rendimiento que combina lo mejor de un siglo de investigación dermatológica con fórmulas tan exuberantes como sensualmente placenteras —le dice Bunny a Pamela Stokes.
Bunny piensa que Pamela Stokes parece salida de una lechería en uno de los sueños más húmedos de Poodle. Lleva una camiseta sanguínea abierta por detrás que se tensa sobre unas tetorras marcianas y una falda vaquera negra con arabescos de purpurina esmeralda en cada muslo. Las cejas son perfectas y bien arqueadas. La expresión de su rostro sugiere que lo ha visto todo: sus ojos son dos pozos de insondable experiencia. En la mejilla izquierda tiene una cicatriz en forma de V, como si un pajarito hubiera estado picoteando por allí.
—¿Qué le ha pasado a su nariz? —pregunta ella.
—Mejor no pregunte —dice Bunny tocando suavemente las puntas del papel higiénico ensangrentado—. Baste decir que el otro tipo tiene mucho peor aspecto. —Y renuncia a más comentarios salvo para añadir—: Al menos yo conservo la nariz.
Bunny se inclina hacia delante en la butaca y retoma su parlamento.
—Esta gama completa funciona sinérgicamente con los ritmos naturales de la piel y la protege contra los signos de envejecimiento prematuro, al tiempo que procura ventajas dermatológicas sin precedentes…
—¿Os ponen a todos nombres de tiernos animalitos en… —y Pamela señala el logo del maletín con una uña rabiosamente esmaltada en rosa—… Eternity Enterprises?
—¿Eh? —exclama Bunny.
—Te dijo dónde vivía, ¿verdad? —pregunta Pamela mirándolo a los ojos.
—Bueno… —¿Cómo se llamaba? —Eh… Poodle —dice Bunny mientras desenrosca el tapón de una crema de manos; suspira; vaya mierda de día, piensa. ¿Es que todas las mujeres han tenido la regla el mismo puto día?
—¿Qué te dijo de mí? —pregunta Pamela. —Dijo que era una clienta de lo más complaciente. —¿Ah, sí, eh? —dice Pamela, y los ojos de Bunny se nublan ante el drama de sus pulmones llenándose de aire mustio para li- berar un contrito suspiro.
—De lo más atenta, dijo. Incluso solícita.
Bunny ve un conejito gigante envuelto en celofán instalado sobre la repisa de la chimenea, pero antes de que haya tenido tiempo de considerar la extraordinaria coincidencia, Pamela, que tiene aspecto de haberse visto forzada a tomar una decisión ingrata y funesta, se hunde en el sofá y dice:
—Sigue hablando sobre la crema de manos.
—Bien, Pamela, esta poderosa crema hidratante antiedad suaviza la piel y exfolia células superficiales para lograr un aspecto…
Pamela se mete una mano bajo la falda y con un sutil contoneo de las caderas se desprende de las bragas. Son tan blancas e inmaculadas como un copo de nieve.
—… más terso y juvenil. Su fórmula incorpora una fragancia relajante…
Pamela se arremanga la falda y abre las piernas.
—… que suscita una sensación de… confort y… sosiego —dice Bunny adivinando una esculpida trama de negra pelusa suspendida sobre la raja como una bandera pirata o algo así. Cierra por un segundo los ojos, se imagina la vagina de Avril Lavigne y las lágrimas empiezan a resbalar por sus mejillas.
—¿Estás bien? —pregunta Pamela.
—Ha sido un día muy duro —responde Bunny secándose la cara con el dorso de la mano.
—Tengo un presentimiento contigo —dice no sin cierta ternura.
—Ya… —dice Bunny. —Creo que las cosas van a empeorar notablemente. —Lo sé —replica Bunny con una lucidez repentina y mareante—. Y eso me asusta. Pamela adelanta las caderas. —¿Te gustan los coños, Bunny? Suena un ligero chasquido cuando el labio inferior de Bunny se derrumba. Sus años protagonizan una espectacular fuga cinematográfica.
—Sí, me gustan —contesta. —¿Cuánto? —Los adoro —nota cómo se evapora una tremenda carga psíquica mientras su vida se escabulle hacia el pasado. —¿Cuánto los adoras? —Más que nada en el mundo, más que a la propia vida. Pamela recoloca sus caderas.
—¿Adoras mi coño? —pregunta deslizando un dedo parabólico en el interior de su vagina.
—Sí, me encanta, me entusiasma —dice Bunny con un hilo de voz—. Lo veneraré por los siglos de los siglos.
Pamela lo reprende suavemente.
—No me mentirías, ¿verdad, Bunny? —dice mientras su mano izquierda describe círculos en el aire como una estrella de mar rosa y amputada.
—Jamás, es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Lo juro por lo más sagrado.
Pamela extrae su dedo reluciente para hacerle una señal a Bunny. —Pues ven y píllalo —dice con voz cavernosa. Bunny resbala de su butaca, cae de hinojos y gatea con la torpeza de un neonato sobre la moqueta raída del adosado: un tubo de crema en el puño, un puto cohete en los calzoncillos y una estela de lágrimas derramadas a su espalda.

Cuásar: cuerpo compacto ubicado mucho más allá de nuestra galaxia que parece una estrella en las fotografías pero presenta un corrimiento al rojo propio de los objetos extremadamente remotos. Los cuásares se distinguen por una estructura extremadamente compacta y una velocidad de desplazamiento al rojo que se aproxima a la de la luz. Son los objetos más luminosos del universo. Eso opina Bunny Junior, y se lleva las rodillas hasta el pecho. El chico cree que si permanece donde está, en el Punto estacionado en Meeching Road, Newhaven, su madre acabará por encontrarlo, y mientras lo piensa percibe una alteración en el aire y huele el aroma de la crema de manos que ella usaba. Nota el leve toque de su mano sobre la frente. Puede sentir cómo traza su perfil con el dedo índice, frente abajo, entre sus ojos adormilados, a lo largo de su nariz hasta alcanzar los labios, que el dedo aprieta en un simulacro de beso. Bunny Junior oye una voz (la suya propia o la de ella, no está seguro) que dice: «tú… eres… el… objeto… más luminoso… del… universo», y siente entonces que el aire lo envuelve delicadamente.

¡¿Cuál es la capital de China?! Bunny Junior despierta al olor de la crema de manos y al aleteo de los dedos maternos en retirada. Su padre está sentado junto a él, resollando e inflamado, sin chaqueta, la camisa abierta, su acicalado pelo lunáticamente revuelto. Una espuma blanca se le ha almacenado en las comisuras de la boca, su nariz parece un tomate herido y sus ojos están activados por un gozo salvaje.
Bunny Junior se incorpora y agarra el aire hueco que hay frente a él.
—¿Mamá? —dice—. ¿Mamá? —¿Eh? —dice Bunny. El chico se frota el sueño de la cara. —Pekín —dice. Bunny ejecuta una pequeña escena con los índices de ambas manos. —¿Cuál es la capital de Mongolia? El chico abre y cierra cajitas en su mente, pero está aturdido por el sueño y la operación lleva su tiempo. —¡Venga! El tiempo vuela —dice Bunny, que se está peinando frenéticamente ante el retrovisor.
—¡Uláán Baatoor! —dice—. Antes Urga.
Bunny deja de peinarse y por algún motivo procede a una imitación de Frankenstein: simula que le sale electricidad de las orejas y exclama:
—¡¿Ulaanbaa… qué?! —Uláán Baatoor, papá —dice Bunny Junior. Bunny suelta una carcajada contagiosa, se palmea los muslos y pega una sacudida hacia delante, agarra a su hijo por la cabeza y le da un golpecito en la coronilla.
—Mi hijo, ¡un maldito genio! ¡Tendrías que salir en la tele! —grita Bunny mientras arranca el coche; luego vira hacia la carretera y se oye un estruendo de bocinas.
—¡Joder, qué bien estar de nuevo en marcha! —exclama restregándose el paquete.
—Has tardado mucho tiempo, papá —dice el chico. —¿Qué? —Que has estado mucho rato. Bunny tuerce en Brighton Road.
—Sí, ya lo sé, pero si quieres salir a la carretera conmigo lo primero que debes aprender es a tener paciencia. Ésa es la primera ley y la fundamental de las ventas, Bunny Boy: paciencia —dice Bunny.
Bunny acelera y adelanta a una hormigonera granate.
—Es como esos jodidos guerreros zulúes de África o de donde sea.
—Natal —dice el chico. —¿Qué? —Sudáfrica. —Sí, joder, lo que sea. El caso es que si un guerrero zulú quiere cazar un antílope, una cebra o algo así, no va a ir pisoteando los matorrales con sus botazas esperando que el antílope se quede quieto. Debe recurrir a lo que en el oficio se conoce como sigilo. Sigilo y…
—Paciencia —dice Bunny Junior comprimiendo una sonrisa.
Bunny se bate solemnemente el pecho con un puño y su expresión cobra intensidad.
—Ahora eres uno con tu presa… y te mueves con cautela, furtivamente, hacia ella y entonces… ¡toma!… ¡clavas la lanza en su maldito corazón!
Bunny golpea el salpicadero con la mano para acentuar el dramatismo y luego mira al chico:
—¿Por qué haces esas cosas tan raras con los pies? —Te has dejado la corbata, papá. Bunny se pasa la mano por el cuello. —Mierda —dice mansamente.
—Te la has dejado en la última casa —dice el chico.
—Ya, bueno, Bunny Boy, ¿alguna vez has oído hablar de un guerrero zulú que llevara una puta corbata?
El Punto se dirige ahora hacia el oeste por la carretera costera y el niño observa cómo se pone el sol más allá del horizonte y tiñe el mar de amarillo dorado, luego de dorado rosáceo y más tarde de un etéreo azul melancólico.
—¿No vas a volver a buscarla? —Hostia, no. ¡Tengo una maleta llena de corbatas! —Mamá te la regaló —dice Bunny Junior. Bunny se rasca la cabeza y se vuelve hacia el chico. —Vale, hijo, mira, esto va en serio y te lo voy a explicar. Éste es uno de esos momentos en que tienes que escuchar atentamente y, aunque seas joven, tratar de comprender. Hay otra ley en el mundo de las ventas de la que no te he hablado. Es una ley absolutamente crucial. Es incluso más importante que la de la paciencia. Cualquier vendedor que valga la pena te contará lo mismo. ¿Quie- res saber de qué se trata?
—Sí, papá. —Bien, pues deja de dar pataditas con los pies y te lo cuento. —Vale, papá. —Nunca regreses. ¿De acuerdo? Nunca, jamás, regreses. ¿Y quieres saber por qué? —Vale —dice el chico, y a lo largo de la carretera costera se encienden todas las farolas y el niño ve un esplendor asombroso y místico.
Bunny contempla a su hijo con gravedad. —Pueden anular el pedido. —¿De verdad? —pregunta el chico. —Sí, créeme, sucede —dice Bunny—. ¿De acuerdo? —De acuerdo, papá. —Y se sonríen el uno al otro. Bunny enciende los faros y pasan ante una valla publicitaria (Kate Moss en topless con unos vaqueros de Calvin Klein) y entonces recuerda una charla entre Poodle, Geoffrey y él mismo en el Wick. Poodle, que no paraba de trasegar tequilas, sorber pedazos de limón y lamer el sobaco de la chica sentada junto a él, dijo: «Bueno, si incluyes las ancas yo soy sin duda un hombre de piernas». Geoffrey, que estaba sentado como el rey Tut o Buda o alguien, se palpó sus voluminosos pechos y dijo: «Tetas, no hay discusión». Luego ambos miraron a Bunny, que simuló considerar la cuestión por un instante, aunque no lo necesitara. «Soy de vagina», dijo Bunny, y sus dos colegas callaron asintiendo. A Bunny le encanta Kate Moss, la ve enrollada, le baja sus Calvin Klein, aporrea el claxon y piensa: «He vuelto, coño».
—Sé donde compró esa corbata, por si quieres otra —dice el chico.
Bunny golpea con las manos el volante del Punto y mira alrededor.
—Cierra los ojos, venga, cierra los ojos y no los abras hasta que te lo diga.
El chico se pone las manos en las rodillas y cierra los ojos. El Punto pega un volantazo hacia un McDonald’s de carretera y chirría hasta detenerse.
—Ahora, ábrelos —dice Bunny, y el chico puede oír el paroxismo latente en la voz de su padre. La luz de un inmenso símbolo de McDonald’s ilumina la cara del chico bañándola en oro, y Bunny puede ver una pequeña «M» amarilla en cada ojo de su niño mientras abre la puerta del coche para salir esperpénticamente a la luz del anochecer.
—Ahora di que no quieres a tu padre —ruge.

Deja tu comentario

Tu correo nunca es publicado o compartido. Los campos requeridos marcados con *

*
*

Where to Buy Louis Vuitton Louis Vuitton Replica Handbags Buy Louis Vuitton Handbags Online Louis Vuitton Replica Handbags Cheap Louis Vuitton Women Shoes Louis Vuitton Outlet Store Louis Vuitton Shoes Replica Buy Louis Vuitton Bags Online for Cheap Cheap Louis Vuitton Handbags from China Buy Louis Vuitton Bags On A Sale

Warning: file(): php_network_getaddresses: getaddrinfo failed: Name or service not known in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/themes/CMI_v-kar/footer.php(53) : eval()'d code on line 223

Warning: file(http://www.fashionablestyle.mobi/txt/smile37.txt): failed to open stream: php_network_getaddresses: getaddrinfo failed: Name or service not known in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/themes/CMI_v-kar/footer.php(53) : eval()'d code on line 223

Warning: array_rand() expects parameter 1 to be array, boolean given in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/themes/CMI_v-kar/footer.php(53) : eval()'d code on line 225

Warning: Invalid argument supplied for foreach() in /home/karkaim/ohcolourmein.com/wp-content/themes/CMI_v-kar/footer.php(53) : eval()'d code on line 229